miércoles, 24 de septiembre de 2008

CARACTERÍSTICAS DEL COLOR

Matiz o tinte
El matiz es la primera cualidad del color, precisamente por ser la característica que nos permite diferenciar un color de otro. El matiz se emplea como sinónimo de color.
Valor o tono
El blanco y el negro, son los valores de luz más alto y más bajo respectivamente.
El valor de color se refiere a la luminosidad u oscuridad del color. El blanco tiene el grado más alto de reflexión de la luz, mientras que el negro es el que tiene el grado más bajo de reflexión de la luz.
En el espectro de color, los tonos claros tienen un grado de reflexión de la luz mayor que los colores oscuros. El valor del color, es su posición respectiva en la escala blanco-negro. Cuando el color se aclara con blanco, el tono resultante se llama degradado.
El valor de color, es la segunda cualidad de color. Distingue un color oscuro de uno claro.

Intensidad de color o Cromo

Es la tercera dimensión del color. Es la cualidad que diferencia un color intenso de uno pálido. Cada uno de los colores primarios tienen su mayor valor de intensidad antes de ser mezclados con otros.

Colores primarios

Se llaman así, puesto que no pueden ser obtenidos por mezcla de otros colores, éstos son: Rojo - amarillo - Azul.

Colores secundarios

Son obtenidos mezclando idénticas cantidades de los colores primarios adyacentes; Naranja - verde - violeta.

EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA TEORÍA DEL COLOR

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El hombre, siempre ha sido consciente del color, el azul del cielo, el rojo de las flores o la sangre... Sin embargo, la explicación física de este fenómeno, no se ha conocido hasta el S XIX.En el pensamiento clásico, varios filósofos, como Platón, Aristóteles y Pitágoras, discutieron acerca de la causa del color. Aristóteles, propuso que los colores básicos eran los de estos elementos; Tierra, fuego, agua y cielo.
El resto de tonos, los consideraba como variaciones de éstos por combinaciones de luz y oscuridad. También escribió que el negro, mezclado con la luz solar y la luz del fuego producía el rojo-púrpura. Leonardo Da Vinci, al igual que Aristóteles, consideró que el color era una propiedad intrínseca de los objetos. En su "Tratado de Pintura", escribió; "El principal de los colores básicos es el blanco, a pesar de que los filósofos, no acepten el blanco ni el negro como colores, porque el blanco es el que nos permite recibir todos los demás colores y el negro, nos priva de ellos. Sin embargo, como los pintores no podemos prescindir de ellos, debemos colocarlos junto con el resto de colores".

De este modo Leonardo, clasificó los colores del siguiente modo; El principal color era el blanco, seguido del amarillo, verde, azul, rojo y negro como 6º color. En su precitado "Tratado de pintura", propugnó "Debemos establecer el blanco para que haya luz, sin la que ninguno de los colores puede ser observado, amarillo para la tierra, verde para el agua, azul para el cielo, rojo para el fuego, y negro para la oscuridad". Leonardo, observó que el verde era producto de la mezcla de azul y amarillo, sin embargo, no estableció ningún criterio científico para la clasificación de los colores.
En 1.665, Sir Isaac Newton, descubrió, que la luz del Sol, podía ser dividida en varios colores haciéndola pasar a través de diferentes prismas. Esto produce un espectro, que va desde el rojo, pasando por naranja, amarillo, verde y azul hasta el violeta. Esto constituyó una base científica, suficiente para rechazar la teoría del color de Aristóteles aún vigente en aquella época. Newton, atribuyó el fenómeno del color a pequeños corpúsculos y diminutas partículas, flotando por el espacio e interfiriendo la luz. Newton, demostró su teoría, colocando un prisma en una habitación oscura. Dejó penetrar un haz de luz a través de un agujero en la pared. Cuando el rayo, pasó a través del prisma, se generó el espectro de color. De este modo demostró que la luz es la fuente de todos los colores.
Redireccionando el espectro de color hacia otro 2º prisma, se produjo luz blanca. De este modo demostró que la luz blanca es un componente de todos los colores del espectro. Tras sucesivas experiencias, Newton, teorizó que el color de un objeto, era producto de la reflexión selectiva de los rayos de luz. Cuando la luz alcanza un objeto, algunos rayos son absorbidos y por lo tanto perdidos y otros son reflejados, produciendo, así, el color observado.

Uno de los aspectos más importantes del legado de Newton, fue la organización del color en un círculo. Su tenía 7 colores principales que relacionó con otras tantas notas musicales. Rojo (Do), Naranja (Re), Amarillo (Mi), Verde (Fa), azul (Sol), Índigo (La), Violeta, (Si). La teoría de los tres colores primarios (Rojo, amarillo, azul), no fue establecida hasta un siglo más tarde, cuando el francés Jean C. Le Bon, publicó el "Tratado de la mezcla de pigmentos". Esta teoría ha sido desde entonces el punto de partida de los ulteriores trabajos relacionados con el color.

Sin luz no hay color. La oscuridad absoluta carece de color. Solamente podemos ver el color real de un objeto cuando está iluminado por luz natural exclusivamente. Todo en la naturaleza, está compuesto por elementos químicos. Estos elementos y sus posteriores combinaciones, están caracterizados por diversos grados de absorción y reflexión de luz. En función de los elementos contenidos en los diferentes objetos, cada uno de ellos tiene su diferente y distintivo color.

Todas las longitudes de onda y colores, están presentes en la luz natural, pero no todas ellas están presentes en la luz artificial. Todos hemos percibido en alguna ocasión, como ciertos colores, por ejemplo de los automóviles varían por la noche, bajo un determinado tupo de iluminación artificial. A principios de 1.800 Sir Thomas Young, descubrió que cada color del espectro de luz, tenía una longitud de onda diferente. Demostró, por ejemplo, que la longitud de onda del rojo era mayor que la del violeta. Las averiguaciones de Young en la materia, llevaron al descubrimiento posterior de la luz no visible, el ultravioleta, el infrarrojo y los rayos X.

PERCEPCIÓN DEL COLOR

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Cuando observamos un color, en ocasiones, nos percatamos de que su tono varía, en función de la iluminación y de los objetos que rodean a éste. La iluminación cambia el color debido a que el color está en la luz. El color es producto de las longitudes de onda que son reflejadas o absorbidas por la superficie de un objeto. Nuestra retina es sensibilizada por esas longitudes de onda y ese estímulo es posteriormente comunicado al córtex, la parte del cerebro que nos permite distinguir un color de otro.

EL COLOR EN EL MEDIO AMBIENTE COMO CÓDIGO SOCIAL POPULAR

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Se debe plantear el uso del color en el medio urbano, empleado con un criterio no de acuerdo a las modas ni con el propósito de llamar la atención como para dejar presente que uno intervino allí sino siguiendo la idea de hallar un lenguaje no agresivo (como pueden ser las combinaciones extremadamente llamativas) y concibiendo a la obra de arquitectura con las sutilezas de color que posee una obra de arte. Se debe procurar resaltar los elementos constitutivos edilicios, subrayar unidades decorativas, crear un clima, destacar un valor histórico y social o expresar una función.
En la obra del antiguo cementerio de Trenque Lauquen, el Intendente Municipal señaló la necesidad de mejorar el aspecto de abandono en que se hallaba. Teniendo en cuenta que el estado de ánimo de quienes concurren allí no es precisamente de alegría, se buscó no obstante quitarle tenebrosidad al lugar y hallar tonalidades que infundieran paz.

El frente ofrecía, con su abundante decoración, la posibilidad de jugar con las formas y molduras. Se buscó un color ligeramente morado y pálido par las partes planas y se integró con tonalidades gris las cúpulas, molduras y zócalo. Las hermosas rejas se colorearon con un gris-celeste y se destacó en dorado el eje de simetría jerarquizado por la escultura del ángel y unas inscripciones centrales, más las dos cruces idénticas laterales.


El efecto áureo del ángel y las cruces recortándose sobre el cielo resulta un detalle muy agradable y sutil, tanto en días grises como soleados. En otoño se añade el valor estético de la hojarasca del fresno. Hay una hermosa palmera al ingreso, a la cual debería agregarse otra igual en el otro costado para lograr una idea de columnata natural.

En las referencias urbanas más importantes (por historia, función o estilo arquitectónico) en nuestro opinión personal, uno no puede permitirse ni caprichos ni audacias, ni modas. Entendemos que debe respetarse la ciudad y tomar en cuenta el gusto de la gente aunque no lo compartamos en su totalidad como individuos. De todos modos, la obra siempre llevará nuestra impronta sin dejar de lado la memoria colectiva o la posibilidad de enriquecer el gusto popular.
Podemos ser más libres en la arquitectura privada, hacer uso del color con más extravagancia, porque en estos casos es para satisfacer un gusto personal (el de la vivienda, por ejemplo) o de un grupo humano (como podría ser un bar), derecho que entendemos no tenemos cuando el hecho arquitectónico pertenece al conjunto de la comunidad (municipio, templo, biblioteca, etc.) y que debe ser expresión del gusto colectivo.

EL COLOR: UN COMPONENTE DE CUALIFICACIÓN Y SIGNIFICACIÓN DEL AMBIENTE URBANO

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Se debe tomar conciencia del rol del color en la ciudad, comprender el alcance del mismo y asumir el compromiso que le compete a todos los que intervienen en el proceso de construcción del ambiente urbano. Se debe entender que el color en la ciudad implica mucho más que la simple aplicación del mismo en la fisonomía urbana y que al hacerlo estamos contribuyendo en la definición del espacio vital urbano.
Los especialistas en el diseño del entorno urbano no han incluido el color con toda su potencialidad como variable de diseño. Este no se percibe solo con los ojos, sino con todo el pasado, la historia y la concepción que se tenga del mundo. El color es un hecho cultural, y lo percibimos con toda la cultura. Por lo general, en el transcurso de la historia, se ha utilizado el color en la búsqueda de producir "un efecto colorista" en la obra de arquitectura. Estos "efectos" responden a distintas motivaciones y cumplen diversas funciones, fundamentalmente simbólicas (primitivas, abstractas, decorativas) y comunicativas (decodificadoras, descriptivas, exaltadoras, contextualitas, etc.).
A partir de la influencia de la Reforma (Lutero, uno de los principales exponentes que aportan sustento filosófico), se vuelve la mirada hacia el Clasicismo (síntesis equilibrada de forma y espacio), con una desvalorización del rol del color. En la mitad del siglo XVIII se producen los primeros descubrimientos arqueológicos que revelan el uso intenso del color en la arquitectura clásica. Ello modifica las tendencias de la época, lo que se traduce en dos corrientes: una que incluye el uso del color en la arquitectura, y otra que se resiste, centrando su postura en el acromatismo. Enrolado en esta última podríamos incluir a Ruskin (siglo XIX), que influenciaría al Movimiento Moderno en general, a pesar de que algunos de sus fundadores como W. Gropius, B. Taut, A. Behne, etc., desarrollaron varios intentos para incluir el color en la ciudad y crear nuevas formas de comunicación valiéndose del color como medio.
El color de una ciudad es un aspecto de su historia. Hasta la Revolución Industrial, los pueblos y ciudades del mundo occidental desarrollaron un proceso lento de crecimiento orgánico, utilizando materiales de la región. Los materiales disponibles dieron forma a estilos arquitectónicos muy diferentes, produciendo ambientes urbanos de gran armonía visual, unificados por escala, materiales, y fundamentalmente por su color, lo que generó estructuras urbanas con identidades cromáticas inmutables.
En la actualidad utilizamos los colores como apoyatura de la forma, para estructura, subrayar, realzar, estimular o revalorizar una obra de arquitectura, sin tener absoluta conciencia del fenómeno ambiental que esta actuación produce. Desaprovechamos así las cualidades del color, un elemento a la vez abstracto y descriptivo que puede enriquecer la forma del espacio con un significado mayor y puede incrementar el contenido identificador, vivencial y orientativo visual de una ciudad.
El efecto colorista de un ambiente urbano no se basa solo en los tonos de color en sí mismos que cubren las superficies, sino también en la importancia de la luz, ya que a través de su naturaleza se ponen en total armonía con el lugar. También la distribución de las masas de sombras que articulan el entorno tienen una vital importancia para producir la impresión del color. Las sombras nunca son incoloras, por lo que influyen en la determinación de la paleta ambiental.
Las distintas regiones y ciudades del planeta han estado identificadas tradicionalmente con particulares rangos de color, resultantes de las gamas producidas por los materiales locales, la luz, las sombras y todos los agentes climáticos que modifican la sensación del color ambiental. Podríamos citar casos ejemplares en todos los países. El color es determinante de la identidad urbana.
Esporádicamente, en el transcurso de la historia, grupos de personas relacionadas con la temática urbana, sensibilizados y concientes de la importancia del color en la ciudad, realizaron propuestas para optimizar el "espíritu del lugar" como el caso de Turín (1800), creando un plan de color para la ciudad entera. Estos ejemplos estarían enrolados en la primer corriente a la que hicimos referencia, que incluye el uso del color en la arquitectura. Pero también podríamos citar innumerables ejemplos de ciudades que reflejan el accionar de tendencias enroladas en la segunda corriente, resultantes de una postura acromática.
La ciudad de Córdoba, logra su máximo desarrollo a partir de la década del 50 (Movimiento Moderno) y se define dentro de la segunda corriente en cuanto a la utilización del color aplicado o propio de los materiales, que colabora en la determinación de una imagen urbana desestructurada. A partir de los años 80, factores climatológicos, socioeconómicos, tecnológicos y culturales promueven un proceso de incorporación masiva de ciertos materiales con color incorporado, productos de la región, que van modificando el entorno. Ello se suma a una serie de intervenciones diversas, en distintas escalas, tanto en el centro como en áreas periféricas, las que contribuyen en la gestación de una nueva imagen con ciertas características de identidad. Esto proceso lentamente va conformando sistemas de lugares que sirven para aprehender la ciudad como un todo, y para orientarse a través de sus lugares.

COLOR EN HOSPITALES Y CLINICAS

Estas instituciones han sido pintadas tradicionalmente, y aun se siguen pintando, con un blanco deslumbrante, porque así se entiende que son mejor satisfechos los requerimientos higiénicos. En el hospital o la clínica moderna ya no se usa el blanco, porque produce una sensación deprimente y yerta, y son utilizados colores, porque estos ejercen sobre el paciente una acción de bien reconocida terapia y también por sus efectos en el confort visual de aquel.
El color no es simplemente un factor de satisfacción estética, sino el medio que sirve para crear, tanto en enfermos y visitantes, como en el personal clínico, un efecto psicológico, peor, a estos fines, no todos los colores tienen análoga potencia ni utilidad; en su selección debe intervenir una razón de función, ya que en unas partes o sectores habrán de actuar de manera estimulante y alegre y en otras deben servir para calmar y manifestarse discretamente. Los colores serán escogidos conociendo sus propiedades terapéuticas, considerando sus potencias psicológicas y fisiológicas y tratando de evitar esa impresión severa y fría que es característica en las instituciones anticuadas.
Las salas de espera o visita pueden ser tratadas con variedad, aunque sin excesos en el color.
Las paredes podrán ser pintadas con colores diferentes, pero que sean armónicos; si en dos de ellas se hace uso de un color gamuza, gris o verde-azul claro, las otras dos pueden ser resueltas con un color mas estimulante en rosa o melocotón. También es posible romper la impresión de un efecto monótono con un cambio menos ostensible, pudiéndose contrastar el melocotón o crema de las paredes con verdes o azules suaves en cortinajes y muebles o inversamente, si las paredes son en colores fríos pálidos con cortinas y muebles o alfombras en rosa o melocotón.
Los pasillos y escaleras algo oscuros tienen que ser pintados con colores claros y luminosos: crema, melocotón pálido, etc., para que reflejen la luz y la iluminación se intensifique. En las habitaciones de los pacientes las paredes se resuelven con matices suaves y agrisados: marfil, crema, rosa, gamuza, etc., que crean un ambiente refrescante, serán utilizados los tonos verdes, verdes-azules, porque estos ayudan a calmar el nerviosismo y la angustia. De manera general los tonos cálidos son adecuados para las habitaciones con poco sol y luz del Sur y los fríos para las soleadas y orientadas al Norte; los primeros convienen para convalecientes o pacientes de corta estancia y los segundos para aquellos de larga permanencia o enfermos crónicos. La impresión de calidez en un espacio cerrado y de poca luz podrá ser acentuada usando colores fríos en las habitaciones contiguas, o a la inversa.
Los techos no deben ser blancos, porque para los pacientes que están muchas horas o muchos días en el lecho y mirando aquellos, el blanco es deprimente y deslumbrante; su color debe ser en el mismo color que la pared, aunque en tonalidad mas clara.
Los quirófanos o salas de operaciones no serán pintados de blanco ni tampoco deberán estar revestidos en azulejos con ese brillo molesto y deslumbrante, que trastorna la función ocular. En las clínicas modernas, tanto las paredes y superficies como el indumento de los operadores y personal ayudante, son en verde-azul claro, porque es el color complementario de la sangre y al quedar suprimido el fenómeno del contraste sucesivo descansa la visión del operador y de sus colaboradores cuando apartan la mirada del área de trabajo.
Las piezas destinadas a fisioterapia, masajes y radioterapia habrán de ser pintadas con colores fríos, refrescantes y tranquilos, pero las de recuperación de miembros y ortopedia requerirán colores estimulantes. Las salas o habitaciones de pediatría deben complementarse con dibujos atractivos en colores brillantes y alegres; estos dibujos serán pintados en paredes y también en los techos para recrear la imaginación de los niños en su forzada pasividad.
Las oficinas, laboratorios y cocinas son resueltos con el color adecuado a la luz que reciban: marfil o rosa claro para las de iluminación natural intensa y verde-gris para aquellas otras de luz débil. En las habitaciones de enfermeras o personal femenino rigen los principios de la decoración de interiores; en ellas puede intervenir la preferencia o el gusto particular. En la sala de espera un fondo general en gris perla suave podrá ser animado por un rojo o un azul de tonalidad alegre o por ambos combinados.
Las cornisas, frisos y zócalos de las paredes forman parte de estas y deben ser resueltos con colores que armonicen con los de aquellas, pues los contrastes son inconvenientes; tanto estos como el ancho o la altura deben ser moderados, puesto que pueden alterar aparentemente las proporciones de la pieza. Los muebles, mesas, radiadores, etc., serán en colores que armonicen. Los lavaderos o piezas de esterilización es conveniente que sean blancos, para que así se estimulen la limpieza y el orden.

El color habrá de ser usado siempre con conocimiento, para favorecer la recuperación de los pacientes y también para facilitar las tareas del personal.

COLOR EN RESTAURANTES Y CAFETERIAS

El efecto psicológico del color tiene gran importancia en todo establecimiento en que se sirven comidas; como estas son gustadas primeramente por los ojos que por el paladar, el color resulta tan importante como el sabor y el olor.
En un Restaurante especializado en pollos al espiado fue cambiada la luz incandescente por otra de vapores de mercurio, pero por efecto de esta las aves asadas tenían un aspecto gris y sucio que ahuyentó la clientela. El dueño del establecimiento, dándose cuenta de la causa, rectificó, y al volver a usar una iluminación cálida, los pollos recobraron su apetitosa impresión anterior. Todo color de superficie es afectado por la cualidad del color de la luz y también por los colores próximos o ambientales, por el olor y la limpieza; el plato más selecto podrá crear una reacción repelente sí es servido bajo unos colores inadecuados en un comedor sucio y olores desagradables. Muchos alimentos y bebidas son más apreciados por su color que por su gusto; algunas frutas se colorean para que tengan una apariencia más rica; la mantequilla requiere un cálido amarillo suave, pues cuando es blanca y con tendencia fría todos la rechazan.
La luz fría y la cálida tienen características especiales que pueden ser utilizadas de manera efectiva. Las luces muy intensas y de cualidad fría son adecuadas para cafetería y bares; las suaves y de cualidad cálida para comedores de restaurantes, clubes de lujo y hoteles. Los primeros exigen de un ritmo acelerado en el servicio y de una cualidad estimulante para que el cliente se marche en seguida del local.

En los segundos, en que interesa una permanencia prolongada, la iluminación incandescente o cálida crea un ambiente confortable de calor y descanso que favorece, además, el destaque
y aspecto de la piel; como las luces de cualidad muy fría, fluorescentes o de vapores de mercurio, azules o azules-Verdes, producen un tinte azulado, que en ocasiones resulta lívido, solamente son usadas de manera indirecta o con fines decorativos.


Un restaurante marinero no debe ser nunca tratado como una sala de té; el primero requiere azules y verdes con un buen contraste de naranja y rojo, y la segunda, colores más sutiles y en armonía de análogos con algún acento de animación.

Con mucha iluminación cálida deben ser usados colores de tendencia algo más fría, como azul o verde claros y marfil con un tapizado en rojo cálido o tostado. Con iluminación escasa o muy suave se utilizan verde agrizado, azul, Rosa, melocotón o gamuza. En algunos restaurantes, y para destacar la nota de limpieza, son cubiertas, en parte, las paredes con azulejos blancos y es pintado el resto de ellas y el techo también con Blanco, pero la impresión que se obtiene es tan fría e inefectiva como la de un hospital o cámara frigorífica.

Un aspecto que se descuida bastante en el restaurante es el color del servicio.
Las Fuentes y platos deberían ser en colores algo opuestos al de la comida; la mantequilla habría de ser servida en una mantequera o plato azulado o azules-verde que destacase su color; la ensalada en una fuente del color púrpura claro, la carne asada en un plato amarillo suave, el pan en una bandeja de color verde-azul, etc.; estos colores no serian puros, sino matices algo diluidos o levemente agrisados.

El mantel, a como el traje de las camareras, deberán ser en color algo opuesto al de las paredes; Si estas son en verde-azul, aquellos serán en un rosa melocotón.

Todos los restantes colores que constituyan el esquema de conjunto pueden ser combinados en analogía o contraste; cualquier color discordante crea una nota molesta e inarmónica.

LOS ITINERARIOS DEL ARTE

"TERRAZA DEL CAFE DE LA PLACE DU FORUM EN ARLES POR LA NOCHE", VINCENT VAN GOGH
La pintura -frente al género fotográfico que, artístico, documental o paisajístico, nace ya con una clara intención de captación de la realidad- nos traslada fuera de los límites del mundo, aún cuando la materia prima empleada sea éste mismo; nos provoca y se acerca a las más hondas intuiciones que aguardan dormidas en el plano de nuestras percepciones, aunque, principalmente, acomete la labor de “presentar”, en un paso más allá de la representación, lo que creímos conocido. Un mundo al que se han acercado de múltiples maneras los artistas a lo largo de los siglos y a través de cuyo rastreo es posible realizar un apasionante trayecto que cuenta con el aliciente, además, de existir y ser potencialmente visitado. Así, paisajes, ciudades y lugares, pertenecientes a una realidad aún presente en muchos casos, han sido captados para la inmortalidad, permitiendo al viajero contemporáneo descubrirse, en un instante plagado de una extraña magia, en el interior, por unos instantes, de una de aquéllas “presentaciones” que conforman ya hoy día el colectivo de lo que entendemos por Arte.

"EL LAOCOONTE Y SUS HIJOS",EL GRECO

Recorriendo la Península Ibérica


Así como Goya es Madrid, El Greco Toledo, o Sorolla Valencia, Carlos de Haes supondrá la plasmación del espíritu norteño, romántico e inalcanzable, bien representado en sus famosos Picos de Europa. Aunque en este caso hablamos del padre de todos los paisajistas, a diferencia de lo que sucede en los casos anteriormente citados: artistas que supieron recoger en sus obras, de una manera indirecta, los rasgos más representativos de buena parte de la geografía española. Un recorrido que comienza con el Madrid goyesco, aún más villa que centro neurálgico de una capitalidad recién estrenada a la que trataba de acostumbrarse. Son sus obras ejemplos inocentes de un esparcimiento destinado a las clases privilegiadas, en mitad del cual nos encontramos, repentinamente trasladados, en paisajes como la pradera de San Isidro. Visión muy diferente a la ofrecida por El Greco, quien, en El Laocoonte y sus hijos, nos presenta una panorámica de la ciudad castellana de Toledo inquietante en sus tonos y angustiosa en sus líneas.

"LA PRADERA DE SAN ISIDRO" , FRANCISCO DE GOYA

Pero es que Castilla es, frente a la luz del mediterráneo de Sorolla, su vitalidad y su naturaleza en movimiento, quieta y cerrada. Podemos comprobarlo si seguimos el viaje propuesto y alcanzamos a los autores del realismo más austero, como Benjamín Palencia, quien, antes de desviarse a zonas extremeñas, dejó representado en sus obras el paisaje avilés, o Ignacio Zuloaga, muy vinculado a Segovia, u Ortega Muñoz, pintor de los campos de cultivo riojanos. Y si continuamos por el valle del Ebro, llegaremos hasta uno de los hitos principales de la Historia del Arte: Horta de Ebro, o la primera representación de un cubismo muy incipiente. No podemos dejar de contar en este periplo con los refectorios de Zurbarán, El Escorial de Claudio Coello, las tétricas imágenes del Hospital de la caridad de un Valdés obsesionado con la muerte, o la Vicaría de Fortuny, mucho más romántica que cualquiera de las representadas por sus predecesores.


"MOULIN ROUGE: LA GOULUE" , TOULOUSE- LAUTREC

Francia y el mundo

Arlés. Ésta es la principal cita de quien desee comprender, y disfrutar plenamente, de las pinturas de Vicent van Gogh. Todo el colorismo, la naturaleza, y la energía que destilan sus obras es posible apreciarlas sentado en el café de la Plaza del Foro artesiano, muy turístico eso sí, pero igual de cautivador para los “arteheridos”. Y es que el sur de Francia pertenece a los impresionistas; algo comprensible si se tiene en cuenta que la base de su pintura es la captación de la luz natural. Así, Manet es a Argenteuil como Ruán es a Monet, o Seurat al ambiente festivo parisién. No fue el único, Toulouse-Lautrec fue bastante hábil asimismo representando ambientes festivos; tanto que llegó a convertir en un icono el espacio de la acción: el famoso Moulin Rouge. De la misma manera que, un poco más al este, un poco antes, y destilando un poco menos de alegría, encontraremos la Holanda simbólica concretada en el Delf de Vermeer o en los típicos molinos de Ruysdael.

"RAGATA EN ARGENTEUIL" , CLAUDE MONET
Y, de regreso al mediterráneo, concretamente en Italia, descubrimos a un Velázquez fascinado por Villa Médicis, a quien dedicó una producción alejada de los convencionalismos de la corte y de la rigidez de las normas impuestas. En estos cuadros, muy distintos de lo que será la totalidad de su obra, puede apreciarse una forma de concebir la luz y la pincelada diferente, claro precedente del impresionismo posterior ya visto a lo largo de este recorrido. Un itinerario el propuesto en el que no podían faltar la Venecia de Canaletto, la influyente Avenida de Middelharnis de Hobbema, el Palacio de Cristal de Paxton, muestra de una época y un paisaje vendido a la industrialización, o la famosa catedral de Salisbury de Courbet, entre tantos y tantos otros no mencionados en este peculiar plan de viaje donde el gran protagonista es la pintura y que cuenta con la ventaja, impagable, de hacer sentir al conocedor del arte partícipe de un espacio-tiempo surgido sólo para él desde los anales de la historia.

ARQUITECTURA BARROCA

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